jueves, 30 de abril de 2015

Deberes 30/4/15

Los deberes de hoy son:
-Leer, subrayar esquema y define conceptos páginas 100 y  101  y hacer ejercicio 4

sábado, 25 de abril de 2015

LA RECONQUISTA


LA RECONQUISTA CRISTIANA
.
Se denomina Reconquista al proceso histórico en que los reinos cristianos de la Península Ibérica buscaron el control peninsular en poder del dominio musulmán.
Este proceso tuvo lugar entre los años 722 (fecha probable de la rebelión de Don Pelayo en la batalla de Covadonga) y 1492 (final del Reino nazarí de Granada con la conquista por parte de los Reyes Católicos del último territorio árabe en la Península).
En 711 se produjo en la península Ibérica la primera invasión de los musulmanes procedentes de África del Norte.
Entraron por Gibraltar (que precisamente debe su nombre actual a Tarik, general que desembarcó allí) y que el propio Don Rodrigo, uno de los últimos de los reyes visigodos, fue a rechazar, perdiendo la vida en la Batalla de Guadalete (en la localidad gaditana de Arcos de la Frontera).
Tarik fue llamado a Damasco, entonces capital del califato, para informar y nunca más volvió. Su lugar lo ocupó el gobernador Abd al-Aziz, comenzando el emirato independiente.
.
.
A partir de este momento empezaron una política de tratados con los nobles visigodos que les permitió controlar el resto de la península. En 716 Abd al-Aziz fue asesinado en Sevilla y se inició una crisis tal que en los siguientes cuarenta años se sucedieron veinte gobernadores.
En este año, 716, los árabes comenzaron a dirigir sus fuerzas hacia los Pirineos para tratar de entrar en el Reino Carolingio (su monarca era en ese momento Carlos Martel, y años más tarde, Carlomagno).
La veloz y contundente invasión norteafricana, además de por los factores que propiciaron la expansión mundial del Islam, se explica por las debilidades que afectaban al reino visigodo:
  • El frágil e incompleto dominio que ejercía sobre el territorio peninsular –en 711 el rey Rodrigo se hallaba dirigiendo una campaña militar en el norte.
  • La división de sus nobles, con enfrentamientos vinculados a la elección de los sucesores al trono de una Monarquía (electiva) no hereditaria.
  • Una aristocracia terrateniente –de tardía conversión al catolicismo- superpuesta a una población, libre o servil, con condiciones vitales muy duras, entre la que latía un fuerte descontento. Muchos de ellos recibieron la conquista como una mejora de su situación.
  • La decadencia de la actividad mercantil derivó en una minusvaloración de la población judía, que en gran medida la protagonizaba. También ellos pudieron ver una ventaja en la situación de las minorías hebreas amparada por la jurisdicción islámica.
Tras la invasión, la resistencia cristiana se centra en el norte en ASTURIAS y la cornisa cantábrica.
.
En el año 718 se sublevó un noble llamado Don Pelayo. Fracasó, fue hecho prisionero y enviado a Córdoba (los escritos usan la palabra «Córdoba», pero esto no implica que fuera la capital, ya que los árabes llamaban Córdoba a todo el califato).
Sin embargo, consiguió escapar y organizó una segunda revuelta en los montes de Asturias, que empezó con la batalla de Covadonga de 722.
.
.
Esta batalla se considera el comienzo de la Reconquista. La interpretación es discutida: mientras que en las crónicas cristianas aparece como «una gran victoria frente a los infieles, gracias a la ayuda de Dios», los cronistas árabes describen un enfrentamiento con un reducido grupo de cristianos, a los que tras vencer se desiste de perseguir al considerarlos inofensivos.
Probablemente fuera una victoria cristiana sobre un pequeño contingente de exploración. La realidad es que esta victoria de Covadonga, por pequeñas que fueran las fuerzas contendientes, tuvo una importancia tal que polarizó en torno a Don Pelayo un foco de independencia del poder musulmán, lo cual le permitió mantenerse independiente e ir incorporando nuevas tierras a sus dominios.
.
EL RESTO DE LOS REINOS CRISTIANOS
.
La dinastía Omeya de Damasco fue derrocada y subió al poder la dinastía Abassí de Bagdad. Uno de los supervivientes, Abderramán Ben Omeya, se trasladó a Córdoba y se proclamó emir independiente (756-788).
Las luchas internas en la Península propiciaron que Carlomagno, rey de los francos, penetrara hasta el sur de los Pirineos, en una zona donde el Reino de Navarra había logrado mantener cierta independencia apoyándose, según les convenía, en astures, musulmanes o francos.
Con Abderramán III (912-961) se consolida el califato de Córdoba, que se extendía hasta el valle del Duero y más allá de Ebro. El califato independiente se convirtió, durante más de un siglo, en el centro cultural y comercial más activo de occidente. Allí acudían filósofos, médicos, geógrafos, historiadores y artistas de todo el mundo musulmán. A partir de ahí llegó el principio del fin.
Mientras el califato se disgregaba, el rey de Navarra Sancho el Mayor , consiguió extender su influencia a toda la España cristiana, desde los condados catalanes hasta el reino de León. Pero, en su testamento, repartió sus dominios entre sus tres hijos. García de Nájera le sucedió en Navarra; Ramiro recibió el condado de Aragón y adoptó el título de rey, y Fernando recibió Castilla que había sido convertida en reino, al que por herencia unió el reino de León., a la muerte sin sucesión de su cuñado, Bermudo III.
A todo esto, los condados catalanes se enmarcaban en la denominada Marca Hispánica. Francos o gente de Barcelona, les llamaban en los otros reinos peninsulares, pero los francos les llamaban hispanos. El sentimiento catalán se formó por la oposición a francos y musulmanes.
El primero de los condes de Barcelona fue Wifredo I, el Velloso inició una dinastía que consiguió independizarse de la monarquía carolingia , pues se negó a rendir vasallaje al monarca franco,
Ramón Berenguer I (1035-1076) consiguió crear Cataluña, ya que aglutinó bajo la autoridad del Conde de Barcelona todos los otros condados, configurando de esta manera el principado en ciernes.
En lo referente a la legislación civil, mandó recopilar (1068) los usos y costumbres de Barcelona en un códice llamado en latín Usatici, que, traducido al catalán con el nombre de USATGES, regulaba las relaciones entre señores y vasallos.
Todos los nuevos reinos y condados continuaron su lucha por extender sus territorios y forzaron a muchos de los reinos de taifas a pagar tributo. Esto, unido a la mejoría económica por la entrada de peregrinos que recorrían el camino de Santiago, reforzó la situación de prosperidad de los reinos cristianos.
El avance de la Reconquista, y especialmente la toma de Toledo (1085) por el rey Alfonso VI de Castilla obligó a los reinos musulmanes a pedir ayuda a sus vecinos del norte de Africa, los almorávides, grupo de religiosidad intransigente.
Los árabes, tras reunir más tropas en Sevilla y en Granada, vencieron a Alfonso VI el Bravo en la batalla de Zalaca (1086). Con esta derrota se inicia para Alfonso, tras catorce años de sonados éxitos militares y políticos, un periodo de desgracias e infortunios a pesar del inestimable apoyo de su vasallo El Cid Campeador, Rodrigo Díaz de Vivar.
Yusuf consiguió unificar la España musulmana bajo su poder y expulsó a los soberanos de los diferentes reinos de taifas; con ello puso fin a la brillante cultura hispano musulmana. Frente a la carencia de una arte almorávide, el arte cristiano se materializó, entre otras manifestaciones, en una gran expansión de iglesias y monasterios de estilo románico.
.

.
A mediados del siglo XII, la Reconquista había experimentado un notable avance, tanto en Castilla, como en Aragón. Pero Alfonso VII de Castilla, dividió el reino entre sus dos hijos, Sancho III de Castilla y Fernando II de León, con lo que se inicia un periodo de rivalidad entre los dos reinos.
Mientras Portugal y Navarra afianzaban su independencia, Aragón y Cataluña se habían unido (1137) por el compromiso de matrimonio entre la heredera del reino de Aragón, Petronila, que solo contaba dos años de edad, y el conde de catalán Ramón Berenguer IV que había heredado los condados catalanes, .
Ramón Berenguer prometió respetar los fueros , usos y costumbres aragoneses, y solo detentó el título de Príncipe de Aragón, nunca el de rey. Ramón Berenguer fue un excelente diplomático que además de consolidar la unión definitiva entre el reino de Aragón y el condado de Cataluña obtuvo notables triunfos en la guerra contra los musulmanes.
A cambio de su alianza con Alfonso VII de Castilla, el Emperador de los reinos cristianos españoles, contra Sancho VI de Navarra y de reconocer al rey de Castilla su “Alta Señoría” sobre todas las tierras de España, consiguió que se le reconocieran los derechos de conquista que los catalanoaragoneses tenían sobre las tierras de Valencia y Murcia y no pagar tributo, ni rendir vasallaje al rey castellano.
Petronila, que siempre había delegado las tareas de gobierno en su capaz esposo, quedó viuda a los veintiocho años y abdicó en su hijo primogénito, Ramón Berenguer, que, en memoria de su tío Alfonso I el Batallador, rey de Navarra y Aragón, adopto el nombre de Alfonso II.
Alfonso solo tenía doce años de edad y contó, por acuerdo en vida de su padre, con la protección del monarca británico Enrique II de Plantagenet, duque de Aquitania por su matrimonio con Leonor de Aquitania.
La intervención de los almohades representó una grave amenaza para los reinos cristianos, especialmente para Castilla donde se creó, como medio de defensa, la orden militar de Calatrava (1158). En 1195, Alfonso VIII de Castilla es derrotado en Alarcos.
La reacción cristiana llegó en el año 1212 y en la batalla de las Navas de Tolosa los reyes de Castilla, Aragón y Navarra, al frente de sus respectivas tropas, derrotaron al ejército almohade, lo que significó el fin de su poder. La expansión de los reinos cristianos seguía avanzando.
.

.
Después de las Navas de Tolosa, la España musulmana fue cayendo en poder de los cristianos. Tras la conquista de Mallorca (1229) y Valencia (1238) por Jaime I de Aragón; de Córdoba (1236) y Sevilla (1248) por Fernando III de Castilla y León, y de Cádiz y el reino de Murcia por Alfonso X; solo quedó en manos musulmanas el reino de Granada, que subsistió dos siglos como vasallo y tributario de la corona de Castilla, esta demora en completar la reconquista fue debido a las frecuentes luchas internas en este reino.
La rápida extensión de esta última fase de la Reconquista y la escasez de población de los reinos cristianos hicieron que parte de la población musulmana permaneciera en sus tierras, tributando a los nobles o a las órdenes militares que habían apoyado a la corona en la conquista.
Así se formaron los latifundios del sur de España y Portugal. La nobleza, con una clara falta de visión que respondía al desprecio por el trabajo manual que tan graves consecuencias tuvo para España en los siglos siguientes, dedicó con preferencia sus tierras a la ganadería en perjuicio de la agricultura que tan sabiamente se había desarrollado en la España musulmana, esto supuso convertir Castilla en una potencia lanera.
.

.


AL ANDALUS

  • LA PRESENCIA ÁRABE EN LA PENÍNSULA IBÉRICA
.
.
La Edad Media, es el período histórico de la civilización occidental comprendido entre el siglo V y el XV.
Su comienzo se sitúa convencionalmente en el año 476 con la caída del Imperio romano de Occidentesu fin en 1492 con el descubrimiento de América,o en 1453 con la caída del Imperio bizantino, fecha que coincide con la invención de la imprenta (Biblia de Gutenberg) y con el fin de la Guerra de los Cien Años.
Durante toda la edad media se vivieron numerosos hechos que marcaron el devenir posterior de la Historia del Mundo tal y como lo conocemos hoy.
Centrándonos en nuestro territorio, podemos hablar de la influencia de los árabes en la Península Ibérica y de cómo los reinos cristianos fueron poco a poco recuperando terreno, pero no olvidando lo aprendido de ellos.
Cuando los árabes llegaron a la Península Ibérica en el año 711 comenzaron una conquista que les mantuvo 800 años en ella. Comenzó a crearse lo que llamaron AL-ANDALUS.
.


.
AL ANDALUS
.
Se conoce como al-Ándalus (árabe الأندلس) al territorio de la Península Ibérica bajo poder musulmán durante la Edad Media, entre los años 711 y 1492. Tras expandirse por todo el norte de África y parte de Centroeuropa.
.
mapa islam mundo
.
Tras la invasión musulmana de la península, al-Ándalus se integró inicialmente en la provincia norteafricana del Califato Omeya, para más tarde convertirse en un emirato y posteriormente en un califato independiente del poder abasí.
Con la disolución del Califato de Córdoba en 1031, el territorio se dividió en los primeros reinos de taifas, periodo al que sucedió la invasión de los almorávides, los segundos reinos de taifas, la invasión de los almohades y los terceros reinos de taifas.
Con el avance de la Reconquista iniciada por los cristianos de las montañas del norte peninsular, el nombre de al-Ándalus se fue adecuando al menguante territorio bajo dominación musulmana, cuyas fronteras fueron progresivamente empujadas hacia el sur, hasta la toma de Granada por los Reyes Católicos en 1492, que puso fin al poder islámico en la península Ibérica, aunque aún quedaban musulmanes viviendo en la Península.
Aunque es un poco complicado, vamos a ofreceros la cronología de la presencia árabe en la Península para que veais su evolución.
.

Emirato de Córdoba

.
En el año 756 Abd al-Rahmán I llegó a Córdoba y estableció una dinastía que gobernó al-Ándalus hasta 1031.
En el 773 Abd al-Rahmán I creó el Emirato de Córdoba, independizándose política y administrativamente del Califato de Damasco, aunque mantuvo con el mismo una unidad cultural, espiritual y moral.
Pese a todo, el verdadero organizador del emirato independiente fue Abd al-Rahmán II, que delegó los poderes en manos de los visires. La islamización fue muy rápida y el número de mozárabes (cristianos en territorio musulmán) se redujo considerablemente.
En el año 912, ascendió al trono Abd al-Rahmán III, cuando ya la decadencia política del emirato era un hecho. Intentando acabar con las sublevaciones y conflictos, se proclamó califa en 929, dando paso al califato de Córdoba.
.
.

Califato de Córdoba

4
.El Califato de Córdoba hacia el año 1000
En el año 929, Abd al-Rahmán III estableció el Califato de Córdoba, declarando la independencia religiosa de Bagdad, capital del Califato Abasí.
Esta proclamación del califato contenía un propósito doble: En el interior, los Omeyas querían consolidar su posición. En el exterior, consolidar las rutas marítimas para el comercio en el Mediterráneo, garantizando las relaciones económicas con Bizancio y asegurando la subadministración del oro.
Tras la ocupación de Melilla en 927, a mediados del siglo X, los omeyas cordobeses controlaban el triángulo formado por Argelia, Siyilmasa y el océano Atlántico.
El poder del califato se extendía asimismo hacia el norte y en 950 el Sacro Imperio Romano-Germánico intercambiaba embajadores con Córdoba.
En el año 939 un ejército cristiano liderado por Ramiro II de León derrotó a las huestes árabes enviadas por Abderramán III en una de sus operaciones de castigo (razias) contra el norte. El resultado de la batalla disuadió a los Omeyas de su intención de instalar poblaciones árabes en las inmediaciones del Duero y sus áreas despobladas.
La de los Omeyas es la etapa política más importante de la presencia islámica en la península, aunque de corta duración pues en la práctica terminó en el 1010 con la guerra civil que se desencadenó por el trono entre los partidarios del último califa legítimo Hisham II, y los sucesores de su primer ministro Almanzor.
Oficialmente, el Califato de Córdoba siguió existiendo hasta el año 1031, en que fue abolido dando lugar a la fragmentación del estado omeya en multitud de reinos conocidos como Reinos de Taifas.
.

Primeros reinos de taifas

Las taifas fueron hasta 39 pequeños reinos en que se dividió el califato como consecuencia de la guerra civil.

Cuando el último califa Hisham III es depuesto y proclamada en Córdoba la república, todas las coras de         Al-Ándalus que aún no se habían independizado se autoproclaman independientes.


.
Cada taifa se identificó al principio con una familia, clan o dinastía. Así surgen la taifa de los amiríes (descendientes de Almanzor) en Valencia; la de los tuyibíes en Zaragoza; la de los aftasíes en Badajoz; la de los birzalíes en Carmona; la de los ziríes en Granada; la de los hamudíes en Algeciras y Málaga; y la de los abadíes en Sevilla.
Con el paso de los años, las taifas de Sevilla, Badajoz, Toledo y Zaragoza, constituían las comunidades islámicas peninsulares.
.

Imperio Almorávide

.
La disgregación del califato en múltiples taifas hizo evidente que sólo un poder político centralizado y unificado podía resistir el avance de los reinos cristianos del norte.
Así, la conquista de Toledo en 1085 por parte de Alfonso VI anunciaba la amenaza cristiana de acabar con los reinos musulmanes de la península. Ante tal situación, los reyes de las taifas pidieron ayuda al sultán almorávide del norte de África, Yusuf ibn Tasufin, el cual pasó el estrecho y no sólo derrotó al rey castellanoleonés en la batalla de Zalaca (1086), sino que conquistó progresivamente todas las taifas.
Pero su brutal ocupación militar termina en fracaso al resistir los castellanoleoneses la toma de la emblemática capital visigoda de Toledo.
Los primeros indicios del malestar andalusí contra los Almorávides, se produjeron en Córdoba en 1121, cuando la población se rebeló contra los almorávides, sólo la intervención de los fakih pudo evitar un baño de sangre.
Otras rebeliones se produjeron en distintas ciudades y a partir de 1140 el poder almorávide empieza a decaer en el norte de África por la presión almohade. A la península llegan esas noticias. En 1144 un sufí, Ibn Quasi empieza un movimiento anti almorávide y empiezan a surgir los llamados Segundos reinos de Taifas.
.

Imperio Almohade

.
Los almohades desembarcaron desde 1145 en la Península Ibérica, y trataron de unificar las taifas utilizando como elemento de propaganda su agresión a los reinos cristianos y la defensa de la pureza islámica.
En poco más de treinta años los almohades lograron forjar un poderoso imperio que se extendía desde Santarém (Centro de Portugal) hasta Trípoli (Libia) y consiguieron parar el avance cristiano cuando derrotaron a las tropas castellanas en 1195 en la batalla de Alarcos.
A pesar de los esfuerzos de los gobernantes, la dinastía almohade tuvo problemas desde un principio para dominar todo el territorio de Al-Ándalus, en especial Granada y Levante.
Por otro lado, algunas de sus posturas más radicales fueron mal recibidas por la población musulmana de       Al-Ándalus, ajena a muchas tradiciones bereberes.
La victoria cristiana en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212) marca el comienzo del fin de la dinastía almohade, no sólo por el resultado del encuentro en sí mismo sino por la subsiguiente muerte del califa Al-Nasir y las luchas sucesorias que se produjeron y que hundieron el califato en el caos político dando lugar a los Terceros reinos de Taifas.
.

Reino nazarí de Granada

.
.
A mediados del siglo XIII Al-Ándalus quedó reducido al reino nazarí de Granada. En el año 1238, entra en Granada Muhammed I Ibn Nasr conocido, asimismo, como Al-Ahmar, “el Rojo” .
Es el creador de la dinastía Nazarí (que tuvo 20 sultanes granadinos) y fue el fundador del Reino de Granada que, si bien al principio, confraternizó con los reyes castellanos, tuvo que convertirse, pasado el tiempo, en tributario de los mismos a fin de mantener su independencia.
.


.
En las últimas décadas de la dinastía nazarí de Granada estuvo dividida por una guerra civil interna que enfrentó Al-Zagal; con Muley Hacen (hermano de Al-Zagal), y su hijo Boabdil.
El último rey de la dinastía nazarí fue Boabdil (Abu ‘Abd-Allāh).Fue el último monarca árabe de disfrutar de uno de los edificios más bonitos del mundo, tanto por el propio edificio como por el lugar donde estaba construido.
.


.
Su derrota en 1492 por los Reyes Católicos puso fin a la Reconquista, proceso que comenzó en el siglo VIII con Don Pelayo y la batalla de Covadonga.
.
.
El Reino de Granada fue anexionado a la Corona de Castilla. Completando prácticamente la unidad territorial de la actual España (faltaba anexionar el Reino de Navarra).
.
LA RECONQUISTA CRISTIANA
.
Se denomina Reconquista al proceso histórico en que los reinos cristianos de la Península Ibérica buscaron el control peninsular en poder del dominio musulmán.
Este proceso tuvo lugar entre los años 722 (fecha probable de la rebelión de Don Pelayo en la batalla de Covadonga) y 1492 (final del Reino nazarí de Granada con la conquista por parte de los Reyes Católicos del último territorio árabe en la Península).
En 711 se produjo en la península Ibérica la primera invasión de los musulmanes procedentes de África del Norte.
Entraron por Gibraltar (que precisamente debe su nombre actual a Tarik, general que desembarcó allí) y que el propio Don Rodrigo, uno de los últimos de los reyes visigodos, fue a rechazar, perdiendo la vida en la Batalla de Guadalete (en la localidad gaditana de Arcos de la Frontera).
Tarik fue llamado a Damasco, entonces capital del califato, para informar y nunca más volvió. Su lugar lo ocupó el gobernador Abd al-Aziz, comenzando el emirato independiente.
.
.
A partir de este momento empezaron una política de tratados con los nobles visigodos que les permitió controlar el resto de la península. En 716 Abd al-Aziz fue asesinado en Sevilla y se inició una crisis tal que en los siguientes cuarenta años se sucedieron veinte gobernadores.
En este año, 716, los árabes comenzaron a dirigir sus fuerzas hacia los Pirineos para tratar de entrar en el Reino Carolingio (su monarca era en ese momento Carlos Martel, y años más tarde, Carlomagno).
La veloz y contundente invasión norteafricana, además de por los factores que propiciaron la expansión mundial del Islam, se explica por las debilidades que afectaban al reino visigodo:
  • El frágil e incompleto dominio que ejercía sobre el territorio peninsular –en 711 el rey Rodrigo se hallaba dirigiendo una campaña militar en el norte.
  • La división de sus nobles, con enfrentamientos vinculados a la elección de los sucesores al trono de una Monarquía (electiva) no hereditaria.
  • Una aristocracia terrateniente –de tardía conversión al catolicismo- superpuesta a una población, libre o servil, con condiciones vitales muy duras, entre la que latía un fuerte descontento. Muchos de ellos recibieron la conquista como una mejora de su situación.
  • La decadencia de la actividad mercantil derivó en una minusvaloración de la población judía, que en gran medida la protagonizaba. También ellos pudieron ver una ventaja en la situación de las minorías hebreas amparada por la jurisdicción islámica.
Tras la invasión, la resistencia cristiana se centra en el norte en ASTURIAS y la cornisa cantábrica.
.
En el año 718 se sublevó un noble llamado Don Pelayo. Fracasó, fue hecho prisionero y enviado a Córdoba (los escritos usan la palabra «Córdoba», pero esto no implica que fuera la capital, ya que los árabes llamaban Córdoba a todo el califato).
Sin embargo, consiguió escapar y organizó una segunda revuelta en los montes de Asturias, que empezó con la batalla de Covadonga de 722.
.
.
Esta batalla se considera el comienzo de la Reconquista. La interpretación es discutida: mientras que en las crónicas cristianas aparece como «una gran victoria frente a los infieles, gracias a la ayuda de Dios», los cronistas árabes describen un enfrentamiento con un reducido grupo de cristianos, a los que tras vencer se desiste de perseguir al considerarlos inofensivos.
Probablemente fuera una victoria cristiana sobre un pequeño contingente de exploración. La realidad es que esta victoria de Covadonga, por pequeñas que fueran las fuerzas contendientes, tuvo una importancia tal que polarizó en torno a Don Pelayo un foco de independencia del poder musulmán, lo cual le permitió mantenerse independiente e ir incorporando nuevas tierras a sus dominios.
.
EL RESTO DE LOS REINOS CRISTIANOS
.
La dinastía Omeya de Damasco fue derrocada y subió al poder la dinastía Abassí de Bagdad. Uno de los supervivientes, Abderramán Ben Omeya, se trasladó a Córdoba y se proclamó emir independiente (756-788).
Las luchas internas en la Península propiciaron que Carlomagno, rey de los francos, penetrara hasta el sur de los Pirineos, en una zona donde el Reino de Navarra había logrado manrener cierta independencia apoyándose, según les convenía, en astures, musulmanes o francos.
Con Abderramán III (912-961) se consolida el califato de Córdoba, que se extendía hasta el valle del Duero y más allá de Ebro. El califato independiente se convirtió, durante más de un siglo, en el centro cultural y comercial más activo de occidente. Allí acudían filósofos, médicos, geógrafos, historiadores y artistas de todo el mundo musulmán. A partir de ahí llegó el principio del fin.
Mientras el califato se disgregaba, el rey de Navarra Sancho el Mayor , consiguió extender su influencia a toda la España cristiana, desde los condados catalanes hasta el reino de León. Pero, en su testamento, repartió sus dominios entre sus tres hijos. García de Nájera le sucedió en Navarra; Ramiro recibió el condado de Aragón y adoptó el título de rey, y Fernando recibió Castilla que había sido convertida en reino, al que por herencia unió el reino de León., a la muerte sin sucesión de su cuñado, Bermudo III.
A todo esto, los condados catalanes se enmarcaban en la denominada Marca Hispánica. Francos o gente de Barcelona, les llamaban en los otros reinos peninsulares, pero los francos les llamaban hispanos. El sentimiento catalán se formó por la oposición a francos y musulmanes.
El primero de los condes de Barcelona fue Wifredo I, el Velloso inició una dinastía que consiguió independizarse de la monarquía carolingia , pues se negó a rendir vasallaje al monarca franco,
Ramón Berenguer I (1035-1076) consiguió crear Cataluña, ya que aglutinó bajo la autoridad del Conde de Barcelona todos los otros condados, configurando de esta manera el principado en ciernes.
En lo referente a la legislación civil, mandó recopilar (1068) los usos y costumbres de Barcelona en un códice llamado en latín Usatici, que, traducido al catalán con el nombre de USATGES, regulaba las relaciones entre señores y vasallos.
Todos los nuevos reinos y condados continuaron su lucha por extender sus territorios y forzaron a muchos de los reinos de taifas a pagar tributo. Esto, unido a la mejoría económica por la entrada de peregrinos que recorrían el camino de Santiago, reforzó la situación de prosperidad de los reinos cristianos.
El avance de la Reconquista, y especialmente la toma de Toledo (1085) por el rey Alfonso VI de Castilla obligó a los reinos musulmanes a pedir ayuda a sus vecinos del norte de Africa, los almorávides, grupo de religiosidad intransigente.
Los árabes, tras reunir más tropas en Sevilla y en Granada, vencieron a Alfonso VI el Bravo en la batalla de Zalaca (1086). Con esta derrota se inicia para Alfonso, tras catorce años de sonados éxitos militares y políticos, un periodo de desgracias e infortunios a pesar del inestimable apoyo de su vasallo El Cid Campeador, Rodrigo Díaz de Vivar.
Yusuf consiguió unificar la España musulmana bajo su poder y expulsó a los soberanos de los diferentes reinos de taifas; con ello puso fin a la brillante cultura hispano musulmana. Frente a la carencia de una arte almorávide, el arte cristiano se materializó, entre otras manifestaciones, en una gran expansión de iglesias y monasterios de estilo románico.
.


.
A mediados del siglo XII, la Reconquista había experimentado un notable avance, tanto en Castilla, como en Aragón. Pero Alfonso VII de Castilla, dividió el reino entre sus dos hijos, Sancho III de Castilla y Fernando II de León, con lo que se inicia un periodo de rivalidad entre los dos reinos.
Mientras Portugal y Navarra afianzaban su independencia, Aragón y Cataluña se habían unido (1137) por el compromiso de matrimonio entre la heredera del reino de Aragón, Petronila, que solo contaba dos años de edad, y el conde de catalán Ramón Berenguer IV que había heredado los condados catalanes, .
Ramón Berenguer prometió respetar los fueros , usos y costumbres aragoneses, y solo detentó el título de Príncipe de Aragón, nunca el de rey. Ramón Berenguer fue un excelente diplomático que además de consolidar la unión definitiva entre el reino de Aragón y el condado de Cataluña obtuvo notables triunfos en la guerra contra los musulmanes.
A cambio de su alianza con Alfonso VII de Castilla, el Emperador de los reinos cristianos españoles, contra Sancho VI de Navarra y de reconocer al rey de Castilla su “Alta Señoría” sobre todas las tierras de España, consiguió que se le reconocieran los derechos de conquista que los catalanoaragoneses tenían sobre las tierras de Valencia y Murcia y no pagar tributo, ni rendir vasallaje al rey castellano.
Petronila, que siempre había delegado las tareas de gobierno en su capaz esposo, quedó viuda a los veintiocho años y abdicó en su hijo primogénito, Ramón Berenguer, que, en memoria de su tío Alfonso I el Batallador, rey de Navarra y Aragón, adopto el nombre de Alfonso II.
Alfonso solo tenía doce años de edad y contó, por acuerdo en vida de su padre, con la protección del monarca británico Enrique II de Plantagenet, duque de Aquitania por su matrimonio con Leonor de Aquitania.
La intervención de los almohades representó una grave amenaza para los reinos cristianos, especialmente para Castilla donde se creó, como medio de defensa, la orden militar de Calatrava (1158). En 1195, Alfonso VIII de Castilla es derrotado en Alarcos.
La reacción cristiana llegó en el año 1212 y en la batalla de las Navas de Tolosa los reyes de Castilla, Aragón y Navarra, al frente de sus respectivas tropas, derrotaron al ejército almohade, lo que significó el fin de su poder. La expansión de los reinos cristianos seguía avanzando.
.


.
Después de las Navas de Tolosa, la España musulmana fue cayendo en poder de los cristianos. Tras la conquista de Mallorca (1229) y Valencia (1238) por Jaime I de Aragón; de Córdoba (1236) y Sevilla (1248) por Fernando III de Castilla y León, y de Cádiz y el reino de Murcia por Alfonso X; solo quedó en manos musulmanas el reino de Granada, que subsistió dos siglos como vasallo y tributario de la corona de Castilla, esta demora en completar la reconquista fue debido a las frecuentes luchas internas en este reino.
La rápida extensión de esta última fase de la Reconquista y la escasez de población de los reinos cristianos hicieron que parte de la población musulmana permaneciera en sus tierras, tributando a los nobles o a las órdenes militares que habían apoyado a la corona en la conquista.
Así se formaron los latifundios del sur de España y Portugal. La nobleza, con una clara falta de visión que respondía al desprecio por el trabajo manual que tan graves consecuencias tuvo para España en los siglos siguientes, dedicó con preferencia sus tierras a la ganadería en perjuicio de la agricultura que tan sabiamente se había desarrollado en la España musulmana, esto supuso convertir Castilla en una potencia lanera.
.


.

Arte islámico en Hispania.

.
.
El arte islámico español es una manifestación del Arte árabe, el cual nació en Siria bajo la influencia bizantina.
Los monumentos islámicos se encuentran diseminados desde la India hasta los Pirineos.  Mediante la conquista española las influencias Mudejares llegaron a América.
Durante la dinastía omeya (661-750 d.c.), cuya capital fue Damasco, el Arte Arabe entró en contacto con el mundo bizantino y sirio.
Durante la segunda época la dinastía Abasí (790-945 d.c.)  la capital se trasladó a Bagdad y el arte recibe influcencias mesopotámicas.
Tanto los combios políticos como la amplitud geográfica hacen del Arte Arabe uno de variados estilos.
Las primeras mezquitas resultan muy sencillas (Ej. A-Kufá en Irak) pero las influencias del mundo helenístico, romano y bizantino y el rápido florencimiento económico hacen que el arte no pueda resistirse a la belleza material.
Primero:          Gustos por la decoración y poco interés por los problemas constructivos.
Segundo:         Decoraciones en placas de yeso que luego se inscriben en el muro.
Tercero:          Policromía en los tableros de yeso y en la cerámica vidriada.
Cuarto:           Gran importancia al uso de la madera.
Quinto:            Decoraciones naturalistas donde se excluyen los temas animales.
Sexto:             Decoración basada en temas geométricos y la estilización de los temas vegetales, basándose                          en la reiteración o repetición de temas.
Séptimo:         Empleo sistemático de la columna, el arco, la bóveda y la cúpula.
Octavo:           El Arte Arabe carece de esculturas, el Corán prohibe la representación del mundo animado.  El                          agua (surtidores, fuentes, baños y albercas) es el elemento sintonizador entre el espíritu y el                              mundo sensible.
Noveno:          Simplicidad extraordinaria en la decoración exterior.  La belleza se encuentra en el interior.                                Debido a esto, las estructuras son cúbicas coronadas por cúpulas y medias cúpulas.
Décimo:          El monumento por excelencia es la mezquita.  Templo de extaordianaria sencillez orientado a la Meca.  Compuesto por un patio interior abierto con arquiería (Shan), una fuente (Sabil) para los  peregrinos y una torre (Assoma) o minarete.  El interior lo domina un muro de fondo orientado a la Meca (Kibla) y en él una hornacina para guardar el Corán (Mirhab).  El Corán, libro sagrado copiado por el Califa y firmado con sangre.  El espacio inmediato a la Kibla está dedicado al Califa (Maxura).
.
.
ARTE DEL GRAN CALIFATO DE CÓRDOBA
En el 750 fue derrocada la dinastía omeya comenzando un nuevo período conocido como el de la Dinastía Abasí (750-945 d.c.) la capital es trasladada a las orillas del Río Tigris, Bagdad.
La ciudad de Córdoba pasó a ser un Califato independiente en el año 756 d.c. y su primer califa, Abderramán I.  Así se convierte en capital del reino musulmán español del Al-Andaluz.  Es por esto que el estudio del arte islámico español lo iniciamos en Córdoba.
Del período del emirato (711-756) no quedan estructuras, sólo referencias litararias de los mezquitas de Sevilla, Zaragoza y Elvira.  En los primeros años se piensa que los musulmanes pactaron con los cristianos compartir la Catedral de San Vicente.  
En Córdoba, los califas fueron los principales protectores de la instrucción y la ciencia.  Ordenaron la traducción del árabe a gran cantidad de manuscritos clásicos convirtiendo a Córdoba, junto a Bagdad, en los dos principales centros del saber.
En Al-Andaluz había no menos de 70 bibliotecas.  La biblioteca de Córdoba contaba con 400,000 volúmenes.  Desde el siglo VIII vemos los “códigos iluminados”, los cuales recogían la liturgia hispánica.  El arte del libro, como todo arte medieval, tenía un sentido didáctico: tanto como arma política de resistencia al islam, como religiosa.  En este arte se destacaron los mozárabes (cristianos sometidos a los musulmanes).
.
.
EL ARTE MUDEJAR
Es el arte hispano-árabe mezclado con formas cristianas.  Este nombre se basa en el nombre que se les asignaba a los alarifes que lo ejecutaban (musulmanes bajo el dominio cristiano).
Es un estilo esencialmente decorativo, amigo de crear obras de riqueza aparente y deslumbrante sobre la base de materiales baratos como el yeso, el ladrillo y el barro.
El primer estilo cristiano que acogió formas árabes fue el románico, producto de la coexistencia de un estilo occidental (Románico) con elementos musulmanes (Ej. Claustro de la Rábida).  Más reciente, el término ha servido para identificar la arquitectura típica española, ya que se basa en el uso de ladrillos, yeso, madera y barros vidriados).
.
.